Austerlitz: Viaje a la Memoria


Austerlitz: Viaje a la Memoria 

Por Guillermo Coll Ferrari

Austerlitz, la última novela de W. G. Sebald, es una novela compleja cuyo estudio se podría enfocar desde innumerables puntos. De estos puntos, hemos elegido para el nuestro, el estudio de la Memoria en sus tres vertientes (individual, social y cultural) en la propia novela, dándole especial importancia a la última, la memoria cultural.

Sebald utiliza, como ya hizo Salman Rushdie en “Hijos de la Medianoche”, la historia de un niño como  metáfora de la Historia de un pueblo. Jacques Austerlitz representa el conjunto de los niños judíos que perdieron sus raíces, su memoria y su identidad de la misma manera que Saleem Sinai representa a la India desde el mismo día de su independencia. Ninguno de los dos, ni Saleem ni Austerlitz, tienen sentido por sí mismos, ellos son un colectivo individualizado en una persona. Mientras que en Occidente, “Hijos de la Medianoche” está considerada dentro del Realismo Mágico, en India, tierra natal del autor, se estudia como paradigma de la novela histórica. En el caso de “Austerlitz”, la duda radica en el punto de ficción o de realidad que tiene la novela en sí. A lo largo de la misma, se mezclan documentos gráficos, fotografías, fotogramas que, en cierto modo, son reales, externos a la novela, pero que son interiorizados por ella. A veces se ha discutido sobre si el “Diario” de Ana Frank es verdaderamente el diario de Ana Frank o, simplemente, una novela titulada el “Diario de Ana Frank”. En esto, la novela de Sebald, es más clara, pero no deja de plantear una pequeña duda de “hasta dónde” hay algo de realidad en ella. En “Austerlitz”, un hombre nos cuenta la historia de otro hombre el cual la conoce no porque la recuerde sino porque se la han contado

Austerlitz es la historia de un hombre sin memoria que se busca a sí mismo. El protagonista, Jacques Austerlitz, que de niño fue enviado a Gales para evitar caer en las garras de los nazis como harían sus padres, ambos muertos en campos de concentración, va recordando, poco a poco, quién es, a  medida que investiga sus orígenes. La idea principal de la novela es cómo se reconstruye la Memoria del niño Jacques Austerlitz a través de la investigación en la memoria colectiva de su infancia a la que él mismo se ha negado, durante años, a conocer.

La narración tiene dos narradores: uno es Austerlitz y otro es el narrador mismo de la historia que Austerlitz cuenta, como señal de distanciamiento entre Sebald y Austerlitz. Aunque el narrador quiera entender a Austerlitz, aunque tenga curiosidad por lo que éste le cuenta, él no es Austerlitz. El narrador quiere conocer la “historia del otro”, no nos cuenta la suya, ya que parece no estar en conflicto. Él es, suponemos, alemán, como Sebald. Tampoco parece transmitir la culpa de su pueblo, o tal vez sí, mediante una mezcla de compasión y admiración por Austerlitz, pero intenta mantenerse al margen, narrar sin existir. Ni siquiera sabemos su nombre, aunque sí su edad: unos diez años más joven que Austerlitz, la edad de Sebald. A veces se hace tediosa la narración, cuando se recurre a expresiones como “dijo Vera, dijo Austerlitz” constantemente, recordándonos que, en ningún caso, la historia que cuenta es su historia.

Austerlitz es un chico que vive en Gales con sus padres adoptivos, por quienes no parece tener un apego filial, lo que sirve para reforzar la idea de que él no se siente de ahí. Al principio de la novela, el narrador nos indica que Austerlitz habla mejor francés que inglés, lo cual resulta realmente sorprendente ya que un niño criado en Gales desde los cuatro años de edad por un predicador  debería hablar un inglés prístino.  En realidad, Sebald nos hace sospechar que el protagonista no es un ser real, sino un medio simbólico, portador de la memoria cultural (o, más bien del olvido pero indagador en ella) y sostén de la memoria individual, porque, aunque olvida sus raíces, no echa unas nuevas.

Los tres tipos de memoria a las que hace referencia Manuel Maldonado[1] están presentes en la novela y se construyen, desde el más completo olvido inicial hasta el recuerdo, borroso, sí, pero recuerdo que se va construyendo indagando en su propio cerebro (como el hecho de volver a hablar checo), con la comunicación con su antigua vecina, Vera, quien le cuenta cosas de su infancia y con la visualización de la película sobre el campo de concentración de Theresienstadt, en la que intenta descubrir algún vestigio de su madre.

Intentando trasladar el esquema de Aleida Assmann a la novela de Sebald, podría resultar así:

Dimensiones: Memoria neuronal Memoria social Memoria cultural
Portador (cerebro individual)Austerlitz (comunicación social)Vera (medios simbólicos)Película, fotografías, etc…
Entorno (comunicación social)Recuerdos reforzados por fotografías, conversaciones, radio… (cerebro individual)Vera, sobre todo. (comunicación social)Lecturas para su investigación. Visualización de fotos y película
Sostén (medios simbólicos)Una meta-memoria de la que no es consciente el personaje. Ej: En el balneario con Marie (medios simbólicos)Recuerdos que van siendo inducidos a medida que investiga. Fotografías. (memoria individual)El personaje de Austerlitz como símbolo de una realidad, de una memoria olvidada.

Como ya hemos dicho antes, Austerlitz parece más un símbolo de la memoria que un personaje real. La originalidad de la obra radica precisamente en eso, en ser el paradigma de la memoria cultural, en la búsqueda misma de la memoria personal a través de la memoria colectiva. El personaje, Jacques Austerlitz, busca rellenar su memoria comunicativa, a través de las fotos y las conversaciones, pero tan sólo se queda en fragmentos. Busca la memoria cultural a través de la comunicación, pero, a la vez, utiliza su falta de memoria como excusa para no vivir el presente. En realidad, busca en el pasado una razón para evitar ser feliz en el presente, una explicación a su actitud. “Austerlitz” no es sólo una queja más del pasado, sino también incluye una crítica al presente: estamos tan  obcecados en buscar explicaciones en el pasado que se nos pasa la vida en balde, sin llegar a vivirla. También sobre esto deberíamos reflexionar hoy en día. Es triste ver a intelectuales que no han vivido la guerra civil española e, incluso, que no han vivido la dictadura franquista, mirar hacia atrás, buscar culpables (la mayoría de los cuales han muerto ya) y dar la espalda al presente y al futuro, que ya están aquí, y que poco tiene que ver con el pasado y mucho con nuestra obsesión a mirar atrás. Y si luego nos convertimos en estatuas de sal no podremos quejarnos de servir de condimento para otros platos.

El romanticismo existencialista de Sebald

Aparte del tratamiento de la memoria o, paralelamente a ello, en la obra destacan varios factores, llamémosles ingredientes, que son fácilmente reconocibles:

–       Pretensión de no-ficción. Como hemos mencionado ut-supra, una de las características de la novela es descubrir qué parte es ficción y qué parte está basada en hechos y personajes reales. Como ejemplo perfecto de esto, el mencionado Diario de Ana Frank puede ser un referente inmediato (además de tratar el mismo tema desde una perspectiva completamente distinta).

–       Exaltación patriótica. Aunque en el caso de Sebald se haga desde una perspectiva diametralmente opuesta, no es descabellado observar rasgos del más puro romanticismo o, peor aún, post-romanticismo.  La inadaptación de Austerlitz a la vida en Gales, aun sostenida por la falta de cariño de sus padres adoptivos, no puede sino recordar a los personajes más manidos de “Cuore” de Edmondo D’Amicis. Esto y la no-tragedia amorosa, la imposibilidad de Jacques de abrirse  a Marie, el verdadero amor perdido por un juego del destino (independientemente de que éste se encuentre en un punto del pasado y no del futuro, como es la coincidencia en el mismo balneario en el que había estado de pequeño con sus padres sin recordarlo), abren paso a un romanticismo.

–       El existencialismo. Pero Jacques Austerlitz sufre también de una manera  distinta a la que podemos entender. Recuerda más a “L’Étranger” de Camus que a cualquier otro personaje. Por otra parte, la narración está concebida para que no logremos entrar directamente en el personaje: no es Austerlitz en persona quien nos cuenta su vida, lo hace a través de un narrador (al que identificamos con Sebald), la emoción se muestra contenida. Nadie duda del tormento que lleva Jacques encima, se ve, pero no contagia (lo cual es, asimismo, de agradecer, uno de los logros de la novela, no convertirse en melodramática). Pero también plantea una pregunta: si esa búsqueda de sus raíces no es una manera de encubrir el fracaso de haber echado unas nuevas en otro sitio y, hasta qué punto, no es mejor permanecer en la ignorancia del pasado para centrarse en cambiar el presente que es lo que va a repercutir en el futuro. La obra plantea el problema de la identidad, pero ¿es la identidad el pasado que no se recuerda o el presente del que uno es consciente? Probablemente, el origen de la falta de identidad de Austerlitz no es tanto los terribles sucesos de su infancia ni su tragedia personal como el haberse pasado toda su vida entre gente que no le demostró cariño. La falta de cariño es la más desoladora de las tragedias.

–       La Arquitectura como sufrimiento. A lo largo de la novela aparecen lugares que tienen en común una cosa: haber sido escenarios del sufrimiento humano en algún momento del pasado. Así, la Biblioteca Nacional de Francia, el campo de Teresin, la estación, etc… La inmensa mayoría de los lugares están relacionados con la tragedia humana. Claramente, eso ocurre en todos los lugares del mundo, la simple asociación de ideas similares nos da una idea muy pesimista de las situaciones, ya que, lo mismo que aquí o allá han muerto tantos, tantos otros han vivido, han amado, han reído… y eso no se representa. Todo lugar es susceptible de haber sido escenario de múltiples situaciones, de la misma manera que todo tiempo o toda persona. Quedarse con lo trágico es, simplemente, una elección más.

En conclusión

“Austerlitz” es una gran obra, dotada de un lenguaje exquisito, con gran complejidad narrativa, en la que se intercalan todo género de descripciones acompañadas de imágenes que refuerzan las mismas. Sebald demuestra una maestría narrativa escasísima en la Historia de la Literatura. En “Austerlitz”, se desarrolla la historia de la memoria como la conocemos hoy en día, y se desarrolla de una manera tan sutil y tan elegante que sólo puede ser apreciada con una gran sensibilidad. Aun así, el tema del Holocausto, aunque tratado de forma distinta, sensible y sin hacer de ello el leit-motif de la historia, comienza a cansar, sobre todo dentro de la Literatura Alemana, ese “look back in anger” que impide, sobre todo, un look forward, una mirada hacia delante.

BIBLIOGRAFÍA

Maldonado Alemán, Manuel (coord.) – Literatura e identidad cultural. Representaciones del pasado en la narrativa alemana a partir de 1945, Bern, Berlin, Bruxelles, Frankfurt, New York, Oxford, Wien: Peter Lang, 2009 (pp.15 -59)

Sebald, W.G. – Austerlitz. Madrid, Alfaguara, 2002.


[1] Maldonado Alemán, Manuel (coord.) – Literatura e identidad cultural. Representaciones del pasado en la narrativa alemana a partir de 1945, Bern, Berlin, Bruxelles, Frankfurt, New York, Oxford, Wien: Peter Lang, 2009 (pp.15 -59)

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