LA LITERATURA ESPAÑOLA Y EUROPEA DEL SIGLO XXI


LA  LITERATURA  ESPAÑOLA  Y  EUROPEA  DEL  SIGLO  XXI

por Guillermo Coll Ferrari

Nam qui dabat olim

imperium fasces legiones omnia, nunc se

continet atque duas tantum res anxius optat,

panem et circenses.

“El pueblo, del que en otro tiempo dependían el gobierno,

la justicia, las fuerzas armadas, todo, ahora se desentiende

y sólo desea con ansia dos cosas: pan y circo”.

(Juvenal, Sátira X)

La Literatura Española está muerta. Muerta y enterrada en una fosa común. Fue asesinada a tiros el 19 de agosto de 1936 en Víznar. Desde entonces, ha habido ingenio y trabajo, pero no combinados para crear verdadera Literatura con mayúsculas. Como ha ido ocurriendo en otros países occidentales, el acomodo de las clases trabajadoras, el “respeto” por los derechos fundamentales que garantiza, al menos hasta cierto punto, la Democracia y la búsqueda de la atracción del mercado frente a la expresión puramente artística sumado a la sensación general de que todo está ya dicho, de que todo está ya hecho, han matado la Literatura como Arte. Aunque esto es un caso generalizado a todas y cada una de las corrientes artísticas, la Literatura Española ha sucumbido a la demanda de un mercado “democrático” donde todos los lectores son iguales y lo que prima es el número, frente a la demanda “aristocrática” de unos pocos que, además, no logran ponerse de acuerdo. Así, los autores españoles más internacionales son escritores de best-sellers: thrillers, novelas de misterio o de historias de amor. Imagino que eso puede decirse de casi todos los países, aunque, por poner un ejemplo, el Reino Unido tiene, además de todo lo anterior, autores como Sir Salman Rushdie, Vikram Seth, Hanif Kureishi y otros muchos, que, además de vender mucho, tienen obras geniales que se han hecho un hueco en la Historia de la Literatura Universal. Curiosamente, la mayoría de estos autores como los tres que he mencionado como ejemplo, son, de una manera u otra, inmigrantes. En España, al ser nuestros inmigrantes aún de primera generación y, los de segunda, aún siguen siendo muy jóvenes y pertenecen, por regla general, aunque por supuesto que hay excepciones, a las clases culturales más bajas, este relevo cultural aún no se ha producido.

Aun así, la Literatura en Lengua Española aún se mantiene viva más allá de nuestras fronteras, en los antiguos territorios de ultramar, donde aún cabe la posibilidad de soñar con un mundo mejor. En Europa parece que nos damos por satisfechos con la Utopía (o Distopía, según se mire) que soñaron nuestros antepasados y nos parece que el único cambio que puede ser a mejor en nuestras vidas es ganar más dinero (con esta mentalidad, lógicamente, el sueño de todo escritor no es ya el ayudar a la gente a pensar o reflexionar ni siquiera a pasar a los anales de la Historia de la Literatura, sino el de poder ocupar el número uno en ventas y mantenerse en él el mayor tiempo posible).

Hace poco tiempo, un amigo me sugirió que si yo escribía tal vez era un síntoma de que pudiera estar deprimido, que lo de escribir sin la intención de ganar dinero era, en cierto modo, de miserables (creo recordar que mencionó a un tal Doctor Johnson como fuente de estas palabras). Supongamos por un momento que esa suposición es cierta: En España no se escribe (o sólo se escriben libros rentables o que pretenden serlo) porque en España se vive muy bien. Los “deprimidos” somos pocos y no estamos lo suficientemente jodidos como para mantener un nivel mínimo de calidad literaria a nivel nacional. Creo que admitiendo la hipótesis propuesta por mi amigo, en Europa, en general, tenemos difícil el volver a tener cultura.

Para explicarme mejor propondré el retrato robot de un escritor contemporáneo:

1) Ha de ser una persona interesada en la Literatura, el Lenguaje y en contar historias, transmitir imágenes, además de ser un gran lector. Eso ya nos reduce, al menos en mi país, a un porcentaje mínimo de posibilidades. Video killed the radio star and Cable tv killed reading classics.

2) Para poder dedicarse por completo a la Literatura, debe ser una persona que no necesita dinero pero tampoco trabaja full-time en otro tipo de trabajo. Esto ya nos reduce las posibilidades a: ricos de nacimiento, profesores y poco más.

3) Ha de ser una persona insatisfecha (elimina a los ricos y algunos de los anteriores)

4) Con ganas de reflexionar y hacer reflexionar a los demás (ya quedamos tres o cuatro amigos y dos de ellos están viendo el fútbol ahora mismo)

Hay muchas más exigencias para competir con la multitud de grandes clásicos y de grandes autores que se han ido expandiendo ya a nivel mundial (ya no se habla de Literatura Española o Inglesa o Rusa, sino de Literatura Actual o Clásica). La globalización permite el mayor acercamiento de las culturas entre sí, pero también acaba con las fronteras protectoras y los descubrimientos locales.

El problema parece irreversible: La Literatura, el Cine y el Teatro buscan  la satisfacción del mayor número de público, así como las obras que no satisfacen a las masas, simplemente, no salen a la luz. Eso conlleva una generación de estímulos fáciles y superficiales, ridiculizando y relegando a los intelectuales a la categoría de “Freaks”.

Pero tal vez alguien podría argumentar que debemos “always look on the bright side of life” y que esta situación se ha dado siempre que, frente a las visiones de los apocalípticos que piensan que la mass culture se ha comido a la cultura real, están las visiones de los integrados, los que creen que mass culture no está reñida con el arte, sino que es, o debe ser, una parte de él. Para ello nos recuerdan que Shakespeare, Cervantes, Byron, Thomas Mann, Flaubert, Dostoievski y, en conclusión, todos (o casi todos) los grandes, fueron, en su tiempo, verdaderos Best-Sellers, a la vez que compitieron en ventas con autores de los que no hemos oído hablar. Así, lo que, desde la muerte de Lorca no tenemos, es un autor que, gustando al público, tenga el toque mágico de los grandes genios. La simbiosis de ambos factores es lo que tenemos que buscar en todos los países, en todas las artes.

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